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P
o r R a ú l Z u r i t
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| El
río de mi corazón |
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Es
un mito mapuche de creación que me contó Leonel
Lienlaf, el maravilloso poeta de "Se ha despertado
el ave de mi corazón": "Al comienzo estaba
el Ser, Ngechen. Pero se sentía solo y entonces lanzó
a su hijo a la oscuridad para que creara el mundo. Pero
lo lanzó tan fuerte que su hijo al chocar contra
la oscuridad quedó aturdido. Entonces Ngechen mandó
a su mujer para que lo despertara. Ella le despertó
primero la frente y de allí se formó el cielo,
y al despertarle los ojos todas las estrellas, luego le
despertó los pómulos y surgió la tierra
y al despertarle la boca se formaron los pájaros
y el resto de los animales sonoros. Cuando le despertó
los brazos se formaron las montañas, con los dedos
se formaron los ríos y al despertarle el torso se
formó el mar. Pero se le olvidó despertarle
el corazón y éste tuvo que despertarse solo,
de allí nació el hombre que anda todavía
medio dormido y no entiende, porque llegó tarde y
por eso está condenado a pensar y a temerle a la
muerte".
La destrucción del entorno, el envenenamiento de
los ríos y de los mares, la tala de los bosques son
las últimas fases del olvido de un ritmo en el cual
todas las cosas se concebían como parte de la creación
y que los pueblos que primero habitaron esta tierra percibieron
en toda su belleza. En un tiempo previo a la escritura,
los seres se sentían ligados íntimamente con
la totalidad del cosmos. Los astros estaban unidos a ellos
como los animales, los ríos, los árboles.
La pérdida de esa experiencia ha sido trágica.
Pienso que las sondas que se envían al espacio y
que la búsqueda de las señales de radio hablan
de una nostalgia infinita. De una reminiscencia de esa hermandad
donde el hombre se sentía parte del todo. También
Lienlaf me decía que los mapuches a diferencia de
los mayas, de los incas, de los aztecas, no construyeron
ciudades porque cada vez que se construye una ciudad se
mata un río.
Creo que todo está dicho allí. Lo que estamos
matando es el río del universo, el río que
posibilitó nuestra existencia para que participásemos
también de ese diálogo general que mantienen
las cosas entre sí, desde el polvo y los pastos hasta
las más lejanas galaxias. Si muere ese río
habremos perdido la oportunidad de seguir siendo partícipes
de esa maravilla. Es simple: la maravilla pervivirá
, sólo que ya no existirá para nosotros.
* El autor es poeta chileno.
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