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por Gumisai
Mutume
WASHINGTON, oct (IPS) Oscar Olivera,
un zapatero de 1,55 m de altura, no encaja con la imagen del
revolucionario que lideró un levantamiento contra un proyecto
de privatización del agua dirigido por el Banco Mundial en
Cochabamba, Bolivia.
Sin embargo, Olivera recibió la semana
pasada en Washington el premio Letelier-Moffitt de Derechos
Humanos por su participación en la exitosa batalla contra
el plan de vender el sistema de agua de la tercera ciudad
de Bolivia a un consorcio privado, formado incluso por la
compañía estadounidense Bechtel.
El premio se otorga en memoria del ex canciller chileno, Orlando
Letelier, y de la investigadora estadounidense del Instituto
de Estudios Políticos, Ronni Karpen Moffitt, asesinados por
orden del ex dictador chileno, Augusto Pinochet, en 1976.
''Nos costó mucho ganar la batalla, pero fue 10.000 veces
más difícil mantener la lucha'', dijo Olivera.
''El agua es un producto básico muy escaso en Cochabamba y
nosotros tratamos de instalar una compañía distribuidora sobre
el principio de la justicia social para asegurar que aquellos
que más la necesitan sean los primeros en recibirla'', acotó.
La vida de ese padre de cuatro niños, de 46 años, fue una
lucha constante. A los 16 años empezó a trabajar en una fábrica
de zapatos. Ahora lidera la Federación de Trabajadores Fabriles
en Cochabamba, una organización compuesta por 50 sindicatos,
en un momento en que los gremios padecen la presión de las
políticas neoliberales para quebrarlos.
Olivera saltó a la escena internacional el año pasado luego
de que el gobierno boliviano transfirió el sistema de agua
de Cochabamba al consorcio privado Aguas de Tunari.
La privatización fue exigida como parte de la relación del
gobierno con las instituciones de Bretton Woods, el Banco
Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), y causó
un aumento del costo del agua del 200 por ciento en una ciudad
donde el promedio de las familias gana 100 dólares por mes.
La mayoría de los hogares se vieron afectados por incrementos
de más de 20 dólares mensuales.
En respuesta, Cochabamba fue escenario durante meses de protestas
públicas que culminaron en un violento enfrentamiento con
soldados del ejército en abril. El gobierno se vió obligado
a aceptar las demandas populares y Bechtel, el asociado de
Aguas de Tunari, abandonó el país.
Con sede en San Francisco, Bechtel es una de las principales
organizaciones mundiales en ingeniería, construcciones y administración
de empresas, que emplea a 40.000 personas y sólo el año pasado
ganó 15.000 millones de dólares.
El gobierno boliviano aceptó liberar a docenas de dirigentes
cívicos arrestados durante las multitudinarias manifestaciones
y aprobó la reforma de la ley nacional del agua para mantener
el control local, que suscitó las protestas rurales.
Cameron Duncan, secretario regional interamericano para la
organización no gubernamental Servicios Públicos Internacionales,
dijo que la experiencia de Cochabamba ''ha sido una inspiración
para el creciente movimiento contra la globalización liderado
por las corporaciones''.
Desde la Cumbre de la Tierra, realizada en 1992 en Río de
Janeiro, la atención internacional se ha concentrado en cómo
hacer el agua segura y accesible para todos. Las mayores multinacionales
del mundo comenzaron a forcejear por la privatización de los
sistemas públicos de agua.
Las compañías proclamaron que era una solución para limitar
los costos, y fueron respaldadas por las políticas emanadas
de los organismos de Bretton Woods, que condicionaron la privatización
de los sistemas de agua a obtener futuros créditos.
El Banco Mundial destacó el progreso de las reformas efectuadas
por el gobierno boliviano. Las compañías petroleras y mineras
del estado fueron descentralizadas y las minas improductivas
clausuradas. El Congreso aprobó la ley de privatización y
permitió la venta de la mayoría de las empresas públicas.
El proceso dio lugar a que el presidente Hugo Bánzer comenzara
a vender o liquidar alrededor de 50 empresas pertenecientes
a corporaciones regionales de desarrollo.
El Banco Mundial justificó sus políticas en que ''el crecimiento
rápido es una condición necesaria, y eso sólo se puede lograr
a traves del acelerado desarrollo del sector privado''.
En junio de 1999, al revisar los gastos públicos de Bolivia,
el banco recomendó que no se dieran subsidios para aliviar
el aumento de las tarifas de agua en Cochabamba, que deben
reflejar el costo total del servicio''.
Según la ambientalista india Vandana Shiva, ''en el momento
que se permite al mercado manejar la situación, todo lo que
ocurrirá es que la piscina de natación de los ricos tendrá
prioridad sobre el agua potable que beben los pobres''.
En junio, Shiva encabezó en Bruselas una conferencia de los
siete países más pobres del mundo en la que se exigió el cese
de la privatización de los recursos acuíferos globales. Los
siete participantes fueron Bolivia, Burkina Faso, Camboya,
Egipto, Etiopía, Madagascar y Senegal.
La tendencia de privatizar el agua hará que la cantidad de
gente que depende del abastecimiento privado aumente de 300
millones a 1.600 millones de habitantes para el 2015, señalaron
los expertos.
Incluso en países de ingresos medianos, menos dependientes
de las imposiciones financieras de las gemelas de Bretton
Woods, como Sudáfrica, se hicieron campañas de promoción para
que las autoridades locales contraten a compañías privadas
de servicios de agua en algunas ciudades.
Adujeron que se trató de alentar un acceso a servicios de
agua eficientes, económicos y sustentables para todos los
consumidores. Olivera apuntó que la solución no era tan simple
y, dada su experiencia en Cochamaba, ''el agua debe seguir
siendo un recurso público''.
Olivera nunca se encontró oficialmente con el presidente del
Banco Mundial, James Wolfensohn. Sólo lo vió un instante en
las calles de Washington cuando formó parte de un grupo de
activistas que presentó una petición a la entidad durante
las reuniones anuales del banco y el FMI.
''Me hubiera gustado encontrarlo y preguntarle por qué el
banco está tan dedicado a imponer políticas que empobrecen
aún más a los pobres del mundo'', dijo.
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