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por Mario
Osava
RIO DE JANEIRO, oct (IPS) Brasil
se encamina a construir su tercera central nuclear, impulsada
por expertos y empresarios que destacaron las ventajas de
esa fuente de energía en un congreso que se realizó esta semana
en esta ciudad.
Directivos y técnicos de las empresas
estatales del sector y de la Comisión Nacional de Energía
Nuclear, organismo normativo, y líderes empresariales presentaron
al presidente Fernando Henrique Cardoso un manifiesto en defensa
de la construcción de Angra III.
Brasil gastó 1.300 millones de dólares en la compra de 80
por ciento de los equipos necesarios y 70 por ciento del proyecto
de ingeniería ya está listo, argumentan en el documento.
También recuerdan la importancia de los 1.300 megavatios por
hora que serían generados por la central en el sudeste brasileño,
región de mayor consumo y donde escasean otras fuentes energéticas.
Con esta construcción se compone un mercado de tres centrales,
necesario para la viabilidad económica de todo el complejo
implantado en el país para producir combustible nuclear, añadió
Everton de Carvalho, presidente de la Asociación Brasileña
de Energía Nuclear, que reúne a expertos y entidades del sector.
Brasil ya posee dos unidades en operación en una playa de
Angra dos Reis, municipio costero a 130 kilómetros de Río
de Janeiro, donde se proyecta instalar también esta tercera
planta.
La primera, Angra I, fue adquirida completa a la estadounidense
Westinghouse y se puso en marcha en 1984. Debido a sus frecuentes
problemas y consecuentes paralizaciones se ganó el apodo de
"luciérnaga", lo cual hizo crecer las críticas al uso de energía
atómica en este país.
La segunda, que fue puesta en actividad en julio, con un retraso
de 17 años, sufrió también su primera interrupción hace sólo
12 días a causa de un defecto en un transformador, según informó
Firmino Sampaio, presidente de la empresa Eletrobrás, coordinadora
del sector eléctrico estatal.
Angra II es la primera central construida en el marco de un
acuerdo de cooperación con Alemania, firmado hace 25 años
y que establecía la instalación de ocho plantas y la financiación
y transferencia tecnológica para un amplio programa nuclear.
El convenio también comprendía plantas para producción de
equipos y de combustible, a partir del procesamiento de uranio
brasileño.
La crisis de la deuda externa de comienzos de los 80 y el
debilitamiento de la dictadura militar brasileña, proceso
que concluyó en 1985, trabaron el programa y determinó la
cancelación de varios proyectos y el gran retraso en las obras
de Angra II.
Esa situación elevó el costo de la construcción en forma brutal
hasta alcanzar los 6.600 millones de dólares, según datos
de Eletronuclear, empresa estatal que administra las centrales.
Ante ello, Brasil redujo sus ambiciones en esta área, pero
logró dominar la tecnología de enriquecimiento de uranio y
avanzar en el proyecto de producción del combustible.
Sin embargo, el programa de construir ocho centrales fue abandonado
y sólo quedó en cuestión la conclusión o no de Angra III.
Las autoridades del sector energético son favorables a concluir
el proyecto, con el argumento de que el crecimiento económico
del país exige un gran aumento de la oferta de electricidad
y el costo adicional sería bajo, ya que casi todos los equipos
ya fueron adquiridos.
El gobierno estima que serán necesarios para ello cerca de
1.000 millones de reales (540 millones de dólares). Esa inversión
debería ser financiada por Alemania, en razón del acuerdo
aún vigente, que prevé la instalación de la central por la
empresa alemana Siemens.
Pero existe el riesgo de que el gobierno alemán cancele el
acuerdo, ante presiones del Partido Verde. En ese caso, Brasil
exigirá una indemnización, señaló el presidente Cardoso en
su visita a Alemania la semana pasada, en una declaración
que indica su inclinación a favor de Angra III.
Si Alemania decide abandonar el proyecto, Eletrobrás podrá
encargarse de los costos que faltan para poner Angra III en
operación, dijo Sampaio.
La perspectiva de déficit eléctrico en este país es real,
por lo cual se está sujeto a posible racionamiento a partir
del próximo verano, reconoció Luis Pinguelli, experto en energía
de la Universidad Federal de Río de Janeiro y crítico del
programa nuclear brasileño.
No obstante, Pinguelli observó que Angra III no solucionará
el problema, ya que es insuficiente y exigirá varios años
de construcción.
El país afrontará tres años de dificultades energéticas hasta
que entren en operación parte de las 49 centrales termoeléctricas
programadas para el uso del gas natural, que es importado
de Bolivia.
Otro aspecto a tener en cuenta es la falta de soluciones para
la basura nuclear, lo cual genera duras críticas de los ambientalistas.
Su resolución aún depende de legislación en fase final de
aprobación en el Congreso Nacional.
Este y otros temas, como el uso de energía nuclear en medicina
y en agricultura, en particular en la conservación de alimentos,
estuvieron en discusión en el VIII Congreso General de Energía
Nuclear, que reunió unos 800 expertos y empresarios desde
el lunes y hasta el viernes en Río de Janeiro.
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