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MÉXICO.- Para fiscales y jueces de México,
el campesino Rodolfo Montiel es un delincuente que merece la cárcel,
pero en opinión de decenas de grupos no gubernamentales, es un héroe
que lucha por preservar los bosques.
"Yo sólo soy un campesino que quiere que los que vienen detrás tengan
bosques, agua y salud", dijo Montiel a Tierramérica, desde una cárcel
del estado de Guerrero, donde cumple una condena de seis años y ocho
meses por siembra de marihuana y posesión de armas.
Pobre, semianalfabeto, víctima de torturas, de persecución militar
y de amenazas de muerte, Montiel recibió en abril, en prisión, el
premio Goldman 2000, que entrega cada año la fundación estadounidense
de ese nombre y que es considerado el Nobel ambiental.
Salió del anonimato en 1998, cuando fundó junto con sus vecinos y
amigos la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petetlán
y Coyuca de Catalán (Ocesp), en Guerrero, al sur de México, una zona
a 3 mil 48 metros sobre el nivel del mar con ricas tierras forestales,
pero mucha pobreza.
Tras enfrentarse a quienes talan los bosques, comandados primero por
una empresa extranjera y luego por firmas locales, denunciar la destrucción
del ambiente y pedir apoyo del gobierno para frenar la deforestación,
Montiel fue detenido en mayo de 1999 por soldados.
Bajo torturas y sin un abogado de confianza, según la versión de grupos
humanitarios locales y extranjeros, confirmada por la estatal Comisión
de Derechos Humanos de México, el detenido confesó ante un juez tener
armas y cultivar marihuana.
"Me amenazaron la familia, pero sobre todo los soldados me sometieron
a muchas torturas psicológicas y físicas y por eso dije que las pruebas
que me 'sembraron' eran ciertas", señaló Montiel.
"Qué armas iba a tener yo, de qué marihuana hablan, si ni siquiera
tengo un pedazo de terreno para cultivar, si los vecinos me prestaban
tierra para sembrar algo de maíz, si no tengo ni dinero, propiedades
ni nada", declaró.
Con voz pausada y baja, y sin alterarse, el campesino, quien sólo
terminó primer año de primaria, relató haber recibido toques eléctricos
en las piernas, fuertes jalones en sus testículos y golpes de todo
tipo.
Los exámenes médicos confirmaron que Montiel tiene aún huellas de
las torturas.
"Los militares me decían, 'no te olvides, guey (forma despectiva
para referirse a un interlocutor) que tenemos a toda tu familia bien
ubicada y que la pueden pasar mal, igual que tú", comentó.
"Si los soldados reconocían que nos detuvieron por defender los bosques
les hubiera dado vergüenza, por eso inventaron eso de las armas y
la marihuana", añadió.
La tala indiscriminada destruyó desde 1992 hasta hoy 86 mil de
las 226 mil 203 hectáreas de bosques que existían en la sierra de
Petetlán y Coyuca de Catalán, asegura la organización Greenpeace.
Pero,
para el juez del estado de Guerrero que condenó a Montiel en primera
instancia, en agosto, y para el que confirmó la sentencia a fines
de octubre, la deforestación no tiene nada que ver con el caso y la
confesión fue legal, por lo que merece la cárcel.
"Hay presiones de todos lados en este caso, la Procuraduría -los
fiscales- piden la pena máxima, los militares no quieren aceptar lo
de las torturas y el gobierno se lava las manos. Pero seguiremos insistiendo,
pues Montiel no tiene ninguna culpa", dijo a Tierramérica el abogado
defensor, Mario Patrón.
El caso ha llamado tanto la atención que algunos ambientalistas comenzaron
a comparar a Montiel con el activista brasileño Chico Mendes, quien
fue asesinado en 1988 por promover la defensa de los bosques.
La secretaria (ministra) de Medio Ambiente, Julia Carabias, aceptó
en abril reunirse con organizaciones ecologistas y humanitarias para
tratar el caso de Montiel.
Tras ello, trascendió que personal de la Secretaría inició inspecciones
en las zonas montañosas de Guerrero para informarse sobre la supuesta
tala ilegal e indiscriminada de árboles.
Decenas de organizaciones no gubernamentales ecologistas, humanitarias,
políticas, de mujeres, de campesinos y de jóvenes, de México y del
extranjero, piden la liberación inmediata de Montiel.
Amnistía Internacional declaró presos de conciencia en marzo a Montiel
y a Teodoro Cabrera, otro dirigente de la Ocesp detenido por los militares,
y exigió su excarcelación. "El gobierno nos trata con indiferencia
y hasta desprecio, pero los extranjeros reconocen nuestra labor. Pase
lo que pase conmigo, cuando salga seguiré defendiendo los bosques,
pues quiero que mis hijos y mis nietos tengan futuro", anunció Montiel.
Con el premio Goldman, consistente en 125 mil dólares, el dirigente
y fundador de la Ocesp aspira a formar un fideicomiso para trabajar
a favor de los bosques.
"Seguimos animados aquí en la cárcel porque sabemos que tenemos razón
y que pronto saldremos libres", expresó.
Pero eso no parece fácil. Sus abogados creen que podrían pasar entre
ocho meses a un año antes de que se pueda resolver el "juicio de revisión
de garantías constitucionales" que se proponen solicitar, la última
instancia judicial que les resta.
Si eso no funciona, el caso será denunciado ante la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos y en otros foros internacionales, indicó el abogado
Patrón, quien trabaja para el grupo humanitario Agustín Pro Juárez,
vinculado a la orden los jesuitas.
Queda otro camino posible. Varios diputados presentaron al Congreso
legislativo un proyecto para amnistiar a Montiel y Patrón.
"Yo soy un luchador, sólo quiero beneficiar a quienes vienen detrás
de nosotros, las nuevas generaciones, y por eso estoy dispuesto a
todo", afirmó el campesino, hoy héroe para unos, pero delincuente
para otros.
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* El autor es corresponsal de IPS.
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