|
por Marcela
Valente
BUENOS AIRES, ene (IPS) Las argentinas
que eligieron dedicarse a la política podrán plantar este
año su bandera en el Senado, una institución que resistió
todo lo posible el ingreso de mujeres.
Si bien no existía una prohibición en
tal sentido, de los 72 escaños del Senado sólo dos están ocupados
por mujeres, un hecho que no se corresponde ni con el electorado
-mayoritariamente femenino- ni con la participación masiva
de las mujeres en los partidos políticos.
El presidente Fernando de la Rúa aceptó
a fin de año reglamentar por decreto una ley de cupo que ya
se aplica en la Cámara de Diputados desde 1991 y que permitió
que el porcentaje de representantes aumentara de 13 a 27 por
ciento. La norma no se aplicaba en el Senado, donde el sistema
de elección es diferente.
Sólo con la ley de cupo dispuesta en
la cámara baja, Argentina se colocó en el primer lugar en
la lista de países de América Latina por el porcentaje de
mujeres legisladoras, seguida por México, República Dominicana
(ambos con 16 por ciento), Bolivia, Colombia y Uruguay.
Pero en octubre de este año, por primera
vez el Senado será renovado en su totalidad por el voto directo
de los ciudadanos, un hecho sin precedentes, ya que tradicionalmente
los senadores eran designados por las legislaturas de cada
provincia y casi siempre resultaban desconocidos para el electorado.
Mediante una reforma constitucional se
dispuso este nuevo sistema de designación directa que incluye
otra novedad. Cada partido, en cada provincia, deberá ofrecer
dos postulantes. El partido más votado colocará dos senadores
y el segundo en votos tendrá asegurada una banca.
Ante esta nueva realidad, las mujeres
políticas comenzaron a advertir que la ley de cupo, que exige
que haya 30 por ciento de mujeres en los primeros lugares
de las listas, podría tener una interpretación desfavorable
y no garantizar el acceso. Si la mujer iba en tercer lugar
quedaría fuera de competencia.
Las mujeres políticas conocen bien todos
los artilugios legales de los que se vale la dirigencia política
-muchas veces con aval judicial- para no respetar el cumplimiento
del cupo, una resistencia que se apoya en una creencia muy
cuestionada acerca de la capacidad masculina para estos cargos.
La jefa de gabinete del Gobierno de la
ciudad de Buenos Aires, Liliana Chernajowsky, comentó que
muchas veces los hombres utilizan la ley de cupo en beneficio
propio: "Dicen 'este lugar es mio -en relación a la cuota
para mujeres- y yo aquí pongo a esta mujer', que puede ser
su esposa, su cuñada o su amante".
Por eso, una de las dos mujeres que están
actualmente en el Senado propuso a sus pares modificar la
ley, pero ante la falta de apoyo a la iniciativa, el movimiento
de mujeres integrado por dirigentes de organizaciones no gubernamentales
realizó una campaña para obtener el aval presidencial.
María José Lubertino, presidenta del
Instituto Político y Social de la Mujer, dijo a IPS que la
campaña formó parte de un proyecto más ambicioso de las dirigentes
políticas, que se comprometieron en 1995 en la Cuarta Conferencia
Mundial sobre la Mujer a alcanzar la equidad de género en
su actividad en 2005.
Con la nueva norma, la proporción de
mujeres que ingresen al Senado podría llegar a 24 por ciento,
con lo que Argentina quedaría a la cabeza en América Latina
en presencia femenina en la cámara alta.
"El decreto que conseguimos no sólo garantiza
la alternancia sino que da la posibilidad a todos los partidos
políticos de rever viejas actitudes machistas y asegurar ese
mínimo previsto en la ley en puestos de auténtica decisión",
destacó Lubertino, que podría ser una de las candidatas a
ingresar al Senado.
El decreto coincidió con un polémico
final de la crisis política que este año tuvo epicentro en
el Senado. Una denuncia por sobornos recibidos por un grupo
de senadores conmovió a todo el sistema político, pero un
día después de conocido este nuevo cupo, la justicia declaró
la falta de mérito de los imputados.
Lubertino consideró que el cupo en el
Senado no garantiza automáticamente la moral de esa cámara,
pero destacó que las mujeres no traen arraigados algunos códigos
"mafiosos" característicos de la política, una actividad preponderantemente
masculino.
Las dos únicas mujeres senadoras ya se
cansaron de tomar nota de la cantidad de comentarios descalificadores
de que son objeto, por no hablar de un protocolo que las desconoce
refiriéndose a ellas siempre como "senador" o "senador y señora"
cuando quieren incluir a su cónyuge.
La senadora Silvia Sapag, que en 2000
denunció la existencia de sobornos en la cámara alta para
la aprobación de una ley, comentó que un tiempo después, un
senador le decía públicamente a otro que el parlamentario
que supuestamente recibió la comisión ilegal "no la dejó satisfecha"
sexualmente y por eso lo denunció.
El trato con apodos o diminutivos, las
burlas, el exceso de elogios o simplemente la indiferencia
hacia sus propuestas son todos comportamientos considerados
normales en un recinto donde las mujeres están en franca minoría.
Elisa Carca, integrante de un senado
provincial, comentó que en las legislaturas del interior las
resistencias son similares: "Una vez un dirigente de mi partido
volvió de un viaje y nos obsequió a todos con una corbata.
Yo le dije que le retribuiría la atención con un corpiño".
La anécdota revela, según Carca, que
los códigos de la política siguen siendo de dominio masculino,
un hecho que podría cambiar a partir de una mayor incorporación
de mujeres.
La presidenta del Consejo Nacional de
la Mujer, Carmen Storani, consideró que la nueva norma permitirá
garantizar la igualdad de oportunidades y trato entre hombres
y mujeres, y no sólo dentro de la política, sino también en
la agenda de temas que atañen a la mujer.
Asuntos como salud reproductiva, acoso
sexual, aborto o educación tienen a las mujeres como las principales
defensoras, mientras que los hombres suelen mantenerlos en
un cajón.
No obstante, Lubertino considera que
aun cuando las mujeres políticas no planteen temas relacionados
con sus intereses de género, es justo que tengan garantizado
un acceso equitativo a los centros de decisión.
Inicio
|