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QUITO.- El derrame de combustible
esta semana en las islas Galápagos dejará huellas
irreparables en el entorno, pero no es el único ni
el más grave problema ambiental que sufre esta excepcional
reserva natural del Pacífico ecuatoriano.
A las secuelas ambientales
derivadas de las 300 toneladas de combustible vertidas
por el buque Jessica encallado en las islas, se suman
la invasión de especies no endémicas, la sobrepoblación,
la contaminación, la pesca masiva, los incendios y
la creciente afluencia turística.
La Ley Especial de Galápagos,
que tiene el objetivo de garantizar la conservación
del ecosistema, rige sólo desde 1999, y en los últimos
tiempos se registraron importantes alteraciones del
ambiente.
Los ambientalistas atribuyen
estos cambios al elevado aumento de la población de
Galápagos, que incrementó la superficie cultivada,
a la extracción de materiales para la construcción
y a la contaminación por mal manejo de desechos sólidos
y elementos químicos.
A eso se suma el impacto
de los animales y vegetales introducidos en las islas.
En 1971 existían allí 170
plantas no endémicas, hoy la cantidad se eleva a 500
especies. Los expertos advierten que muchas de ellas
destruyen las especies nativas. La isla Isabela -donde
un incendio destruyó en 1994 más de 9 mil hectáreas-
está invadida por 30 mil chivos salvajes que destruyen
la vegetación y amenazan a las tortugas gigantes.
La pesca masiva de tipo
industrial también ocasiona grandes estragos, y amenaza
con la extinción de especies marinas como los pepinos
de mar.
Más de 20 barcos atuneros
ingresaron el año pasado al área de la Reserva Marina
donde rige la prohibición de la pesca, pero sus propietarios
no recibieron ninguna sanción. Los ambientalistas
consideran también necesario organizar la llegada
de los más de 60 mil turistas que visitan Galápagos
cada año.
Antonio Enríquez, secretario
de la Organización Mundial de Turismo, señaló que
el ecosistema podría colapsar en menos de 10 años,
por lo que urgen acciones inmediatas y oportunas de
parte de las autoridades.
La actuación del gobierno
de Gustavo Noboa frente al encallamiento del buque
petrolero Jessica el 16 de este mes, provocó críticas
de parte de grupos ambientalistas, quienes lamentan
la falta de una acción inmediata que hubiera evitado
el derrame.
Sólo la suerte impidió
que la marea negra de mil 200 kilómetros cuadrados
afectara a alguno de los 10 mil galápagos, las tortugas
gigantes que dan nombre a las islas, según los ambientalistas.
Sin embargo, advirtieron
que el futuro de las islas no puede depender, como
hasta ahora, del azar.
El accidente no es el primero
de este tipo en las islas. El buque de carga San Luis
encalló hace un año, y lo mismo sucedió en septiembre
y en diciembre a dos embarcaciones turísticas.
Esta catástrofe es una
advertencia para revisar los códigos marítimos de
acercamiento a las islas, expresó el director de la
fundación Charles Darwin, Fernando Espinoza.
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