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SAN JOSE.- Diversos sectores
de la sociedad civil del mundo presentaron en 1997
en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, un proyecto
de declaración universal de los derechos ambientales,
denominado la Carta de la Tierra.
Tras cuatro años de lentos avances, sus impulsores
intentan renovar ahora la iniciativa y presentarla
en 2002 ante la Organización de las Naciones Unidas,
ONU.
"Esta carta no es una utopía, porque el ser humano
no podría vivir sin el sueño de ser mejor", dijo a
Tierramérica la brasileña Miriam Vilela, directora
ejecutiva de la Secretaría de la Carta de la Tierra,
con sede en San José.
Los promotores esperan que el texto del documento,
cuya versión final fue aprobada en Holanda el año
pasado, sea adoptado oficialmente por países, universidades
y organizaciones de todo el mundo, así como por la
ONU.
"Hasta ahora, el proceso ha sido difícil por la falta
de voluntad de los gobiernos", advirtió Vilela, quien
dirigirá este año una amplia campaña para promover
el documento por todo el orbe.
Este código de conducta fue ideado en la Cumbre de
la Tierra, en Río de Janeiro en 1992, pero la falta
de acuerdos postergó su nacimiento.
Poco después, Maurice Strong, secretario general de
la Cumbre de la Tierra, y Mijail Gorbachov, presidente
de la Cruz Verde Internacional, presentaron una nueva
propuesta, apoyada por el gobierno de Holanda.
En 1997, se presentó un primer borrador durante la
Cumbre Río Más Cinco, en Río de Janeiro. A partir
de entonces, se formó una comisión para guiar el proyecto
y la Secretaría de la Carta de la Tierra fue establecida
en el ámbito del Consejo de la Tierra, una organización
no gubernamental internacional con sede en Costa Rica.
En los siguientes años, organizaciones civiles de
todo el mundo elaboraron borradores y pidieron recomendaciones
a profesores, investigadores, ambientalistas y profesionales.
El consenso era difícil, pues hay muchos intereses
en juego cuando se trata de conservar los recursos
del planeta, observó Vilela. Por ejemplo, un borrador
solicitaba compasión por los animales, pero habitantes
del Artico arguyeron que si la tenían,no podrían alimentarse.
Luego de conciliar miles de diferencias, se puso por
escrito un texto final que contiene cuatro capítulos:
la integridad ecológica; el respeto y cuidado de la
comunidad de la vida; la justicia social y económica;
y la democracia, la no violencia y la paz. Los "patrones
dominantes de producción y consumo están causando
devastación ambiental, agotamiento de recursos y una
extinción masiva de las especies", se expresa en el
preámbulo.
Este código de conducta de 16 artículos sostiene que
la protección ambiental, los derechos humanos, el
desarrollo equitativo y la paz mundial son interdependientes
e indivisibles.
Y estipula la necesidad de que los países adopten
"a todo nivel, planes de desarrollo sostenible y regulaciones
que permitan incluir la conservación y la rehabilitación
ambientales, como parte integral de todas las iniciativas
de desarrollo". Sin embargo, algunos ecologistas creen
poco probable en estos momentos un apoyo masivo a
esta iniciativa.
Jorge Cabrera, abogado ambiental y redactor de la
ley de Biodiversidad de Costa Rica, señaló a Tierramérica
que se trata de una buena idea, pero de escaso impacto
y acogida. "El sector ambiental se está concentrando
en lograr que lo poco que se ha aprobado se cumpla.
Incluso dentro del propio movimiento ambiental muy
poca gente conoce el contenido de la Carta ", explicó
Cabrera.
Pero los impulsores de la iniciativa creen que esa
situación no es una desventaja, sino un aliciente
para promover mundialmente el texto definitivo. La
Carta de la Tierra ya ha sido adoptada por varios
grupos internacionales, entre ellos por la Cruz Verde
Internacional, el Parlamento Amazónico, la Universidad
para la Paz de la ONU e incluso por el Foro del Milenio,
que agrupa a mil organizaciones no gubernamentales.
"Tenemos que lograr que los países se comprometan,
pues este es un gran esfuerzo por la convivencia humana
y la conservación de los recursos", afirmó Abelardo
Brenes, profesor de la Universidad para la Paz.
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