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RIO DE JANEIRO.- A fines de los
años 70 diversos líderes indígenas oriundos de las
más distantes partes del mundo salieron de sus aldeas
y descubrieron un nuevo camino para la defensa de
sus derechos.
Los primeros pasos que dieron
en los corredores de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU) resultarían decisivos para sus pueblos,
a los que durante siglos les fueron negados derechos
básicos en nombre de la nueva civilización, el desarrollo
y la modernidad.
Año tras año otros líderes indígenas
siguieron sus huellas, reuniéndose a los pies de las
montañas de Ginebra, donde tiene su sede la Comisión
sobre Derechos Humanos de la ONU.
Allí, comenzaron a cuestionar
el rol de las grandes potencias económicas y el sentido
de la "civilización" y la "modernidad". Lo hacían
sin rencor pero con clara conciencia de que será necesario
modificar muchos prejuicios para que a los indios,
los primeros ecologistas del planeta, se les reconozca
como aliados en la construcción del futuro y en la
búsqueda de un mundo mejor.
Una gran conquista se obtuvo
en 1982, cuando la ONU decidió la creación de un grupo
de trabajo sobre los pueblos indígenas, con una programación
anual en Ginebra, donde casi mil líderes deliberaban
y reclamaban recursos, medidas legales y políticas
para la protección de sus derechos, el acceso a la
tierra, a la salud, a la cultura, la preservación
de sus lenguas y sus religiones.
En 1993, se instituyó el Año
Internacional de los Pueblos Indígenas, y el Premio
Nóbel de la Paz otorgado a la dirigente indígena de
Guatemala, Rigoberta Menchú.
Posteriormente se declaró la
Década Internacional de los Pueblos Indígenas en el
marco de ONU para el período 1995-2004.
El último gran paso se logró
en octubre del 2000, cuando el Consejo Económico y
Social de la ONU aprobó una recomendación de 1993
de la Conferencia Mundial de Viena de los Derechos
Humanos y creó el Foro Permanente sobre los Asuntos
Indígenas.
La importancia del Foro reside
en que es un organismo subsidiario y asesor del Consejo
Económico y Social, y que es la primera vez que la
ONU decide el establecimiento de una instancia específica
para pueblos (es decir, comunidades sin representación
gubernamental).
Integran el Foro 16 miembros,
8 designados por los gobiernos y 8 por las comunidades
indígenas; este año efectuará la primera reunión plenaria
con la finalidad de programar sus actividades.
Este proceso de reconocimiento
progresivo de los derechos de las comunidades tuvo
altibajos, ya que durante las negociaciones algunos
gobiernos actuaban en contra de las comunidades sin
motivo justificado, quizás por temor a lo desconocido
o por ignorancia.
Pero los líderes indígenas sacaron
de su visión cósmica la fuerza necesaria para contrarrestar
el proyecto colonizador del hombre blanco, que pretendía
suprimir su mundo.
El hombre moderno ha construido
con sus tecnologías avanzadas una civilización fría,
que le ha inculcado una sonrisa triste, quizás por
la imposibilidad de alcanzar el soñado futuro feliz.
Ese hombre está paralizado por
contradicciones que le incapacitan para responder
a las demandas crecientes que plantean la destrucción
ambiental, las guerras y los pueblos hambrientos que
con sus llagas representan la explotación y el deterioro
de la vida.
Esa civilización está ahora ante
un callejón sin salida y requiere aprender a escuchar
los mensajes indígenas sobre la riqueza (ecológica
y económica) para mejorar la calidad de su vida. Esto
no sucede. Hasta ahora el diálogo entre las distintas
civilizaciones ha sido casi inexistente.
En este sentido, el Foro Permanente
no debe ser visto como una concesión unilateral de
los gobiernos a nuestros pueblos. Es una conquista
indígena y es, asimismo, una instancia donde podemos
dar nuestra contribución al diálogo multicultural
y a la necesaria reformulación de la ONU para hacerla
más representativa.
En ese marco se debe reconocer
el papel de los que, como nosotros, hemos sido tratados
siempre como los grandes mudos de la historia.
El movimiento que comenzó su
caminata hace ya más de 20 años inicia el siglo XXI
con un estatuto de reconocimiento de parte de la ONU
y se dispone a escribir una nueva página en la historia
de los pueblos indígenas.
(Copyright IPS)
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