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Pueblos indios piden la palabra |
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Por Rigoberta Menchú *
Las sugerencias, proposiciones y advertencias de los indígenas sobre los problemas que genera el actual modelo de desarrollo son ignoradas. Y esta actitud se nota incluso en el ámbito de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia.
CIUDAD DE MEXICO.- El Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se celebra el 9 de agosto, se ha convertido en un momento muy oportuno para expresar nuestros sentimientos e invitar a la comunidad internacional a reflexionar sobre los principales procesos que ocurren en el mundo y que afectan a nuestros pueblos.
En la última década, el andar de nuestro planeta ha sido marcado por un acelerado proceso de globalización, que ha generado nuevos espacios, desafíos y expresiones de resistencia.
Es tiempo de sentarnos a reflexionar seriamente sobre el mundo que deseamos legar a nuestros hijos. La globalización no puede seguir siendo la mundialización de las finanzas y de la especulación bursátil, del narcotráfico, de la pobreza y la marginación, del exterminio de la naturaleza y de la destrucción de la esperanza en el planeta.
No debemos permitir la imposición de un pensamiento único que provoca que sólo una minoría privilegiada -el 20 por ciento de la población del mundo- consuma el 80 por ciento de lo que produce nuestra Madre Tierra, dejando migajas siempre más reducidas a las grandes mayorías. No dejemos que la riqueza de nuestro patrimonio se reduzca a las leyes del mercado.
El cambio climático que está padeciendo el planeta nos empuja a unir esfuerzos para encontrar solución a lo que seguramente, a muy corto plazo, se convertirá en una situación de emergencia global. No obstante, en espacios como el Protocolo de Kyoto y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, las voces de los pueblos indígenas fueron totalmente marginados.
Durante miles de años, los pueblos originarios hemos sabido convivir con la naturaleza, respetando sus ciclos de vida y de regeneración. Nuestra experiencia en la conservación y protección de los bosques, la diversidad biológica y el mantenimiento de ecosistemas esenciales, puede convertirse en un aporte a favor de una marcha armónica de la humanidad en este naciente siglo XXI.
Desafortunadamente, nuestras sugerencias, proposiciones y advertencias sobre los daños irreversibles que ocasiona el actual modelo de desarrollo, son ignoradas, en una reproducción del mismo sistema excluyente y discriminatorio que domina el resto de los espacios internacionales de decisión.
Una de las mejores ilustraciones de ese histórico fenómeno de marginación, paradójicamente, se manifiesta en los procesos para la participación en la próxima Conferencia Mundial contra el Racismo, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, que se llevará a cabo en la ciudad de Durban, Sudáfrica, a finales del presente mes de agosto.
Me refiero a la falta de inclusión en el documento original de convocatoria de un capítulo específico para tratar la realidad de los pueblos indígenas. De este modo, no se recoge la esencia de las reivindicaciones que nuestros pueblos han reiterado en todos los eventos preparatorios de la conferencia y que se resumen en el respeto a nuestra existencia como pueblos, el reconocimiento de nuestra contribución histórica al desarrollo de la humanidad y nuestro derecho a un desarrollo sostenible, digno y equitativo, con pleno acceso y control de nuestros territorios y recursos.
Los pueblos indígenas no estamos dispuestos a que nuestras demandas históricas sean, una vez más, deformadas y subastadas. No nos prestaremos a cohonestar un acuerdo que haga factible la Conferencia a expensas de nuestra dignidad y nuestros derechos.
No reconocemos a nadie el derecho de recortar o condicionar nuestras exigencias y, junto a ellas, las de movimientos sociales y millones de hombres y mujeres que padecen la discriminación por múltiples causales y que esperan de esta Conferencia una palabra clara y contundente en contra del inmovilismo y la impunidad.
En el mundo de hoy, nuestra presencia desafía la incumplida promesa del sistema de Naciones Unidas de poner fin a los regímenes neo-coloniales que sojuzgaron a nuestros pueblos y crearon oprobiosas instituciones de esclavitud y servidumbre.
Tenemos que seguir luchando para que el Día Internacional de los Pueblos Indígenas no se quede en lo meramente simbólico. Interpelemos a los gobernantes de nuestros países, a los dirigentes de las naciones más poderosas y a los altos funcionarios de los organismos mundiales que dictan las directrices globales, para exigir un alto en el camino para la reflexión y detener esta vorágine que nos arrastra.
Es tiempo de sumar esfuerzos y sabidurías para revertir fenómenos tan apremiantes como la destrucción ecológica, la agudización de la pobreza y el hambre, la intolerancia, el racismo y la exclusión.
(Copyright IPS)
* La autora es Premio Nobel de la Paz, Embajadora de Buena Voluntad de la Cultura de Paz de la UNESCO y miembro del Consejo Editorial de Tierramérica
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