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El agua no es una mercancía |
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Por Redacción Tierramérica*
Hay que frenar el afán de lucro
de las transnacionales embotelladoras que intentan dictar la agenda
global sobre el recurso, asegura Maude Barlow, activista canadiense
y autora del best-seller “Oro Azul”
CIUDAD DE MÉXICO.- La canadiense Maude
Barlow comenzó a preocuparse por el tema del agua cuando
constató, dice, que estaba incluida como una “mercancía”
en los tratados comerciales que negociaba su país con Estados
Unidos, primero, y luego con México.
Activista y escritora, autora de más
de una decena de libros, Barlow decidió explorar a fondo
la crisis del vital líquido y el resultado fue “Blue
Gold” (Oro Azul).
Escrita junto con Tony Clarke, presidente del
Instituto Polaris de Canadá, la obra se ha publicado en 15
países. En febrero, se presentó su edición
portuguesa en Brasil y para octubre próximo está prevista
la edición en español.
Se trata de uno de los libros más leídos
sobre el agua, sobre todo por su novedoso enfoque político
y porque aborda el papel de las multinacionales embotelladoras del
líquido.
Presidenta honoraria del Consejo Canadiense,
un poderoso grupo civil con más de 100 mil miembros, Barlow
tiene muchos seguidores, pero también detractores. Resulta
una figura incómoda en las citas internacionales. Muchos
la tachan de radical y descalifican su obra por su “falta
de rigor científico”.
Ahora que el mundo vuelve a reunirse para hablar
del tema, en el III Foro Mundial del Agua en Kyoto, Japón,
del 16 al 23 de este mes, Barlow volverá a dar de qué
hablar.
A pocas horas de salir para Japón, la
activista dialogó con Tierramérica.
-El mundo ha debatido mucho sobre el
tema de agua en los últimos años. ¿Por qué
hablar otra vez? ¿Qué de nuevo puede aportar el foro
global en Japón?
-Es una pregunta importante. Me temo que la reunión de Japón
tiene que ver con el deseo del Consejo Mundial del Agua (organizador
del encuentro) de convertirse en el protagonista del debate sobre
el manejo del recurso. Y es preocupante porque el Consejo, con el
apoyo del Bando Mundial y del Fondo Monetario Internacional, promueve
la privatización del agua, es decir un modelo corporativo
de control del agua. Pienso que no hay nada nuevo que no se haya
dicho o hecho en el encuentro en La Haya (II Foro Mundial del Agua,
2000) o en Johannesburgo (Cumbre sobre Desarrollo Sostenible, 2002).
-¿Qué hará usted
en Japón?
-Voy a coordinar una sesión sobre el tema de las asociaciones
“Tipo 2” para el manejo del agua, promovidas en Johannesburgo
(alianzas entre la comunidad, las organizaciones no gubernamentales,
el gobierno y el sector privado). Nuestro objetivo es tratar de
convencer a las cerca de 10 mil personas que acudirán a Japón
de que ésta no es una opción, de que parte de un concepto
erróneo. El sector público toma todos los riesgos,
mientras el sector privado construye, opera y obtiene las ganancias.
Este afán de lucro está bien si hablásemos
de autos o televisores, pero la disciplina del mercado no se debe
aplicar al agua. El sector privado puede tener un rol de consultor
con los gobiernos, puede construir infraestructura, pero no tener
el control del manejo del recurso.
-¿Es realista la meta de reducir
a la mitad la población sin agua potable para 2015, acordada
en Johhanesburgo?
-No, y por un problema de concepto. Me parece que se pone énfasis
en el acceso, pero no en la escasez o en la contaminación
del agua. Sin una legislación muy severa, por ejemplo, jamás
se podrá parar la contaminación del agua.
-En su más reciente reporte,
la ONU pronostica que 7 mil millones de personas sufrirán
de escasez de agua en 2050 si no se toman medidas para paliar la
crisis. ¿Comparte este pronóstico apocalíptico?
-Sí, sin duda. Creo que la evidencia está allí
y es muy bueno que la ONU lo reconozca. La crisis del agua no es
futura, está ya aquí. Vemos los conflictos que provoca,
desde Bolivia y México a India y Palestina.
-En ese reporte, la ONU también
criticó la inercia de los políticos, su falta de voluntad.
-Y así es. No hay dedicación. Los Estados deben promover
el acceso al agua, pero ¿dónde están los políticos?
A estas citas sólo asisten burócratas. El compromiso
para resolver la crisis del agua tiene que venir de la sociedad
civil.
-¿A quién pertenece el
agua?
-Yo argumento que el agua pertenece a la Tierra, a todas las especies.
Es un derecho humano fundamental, no una mercancía intercambiable.
Debe ser preservada para las futuras generaciones. Si se privatiza,
¿quien va a velar por la naturaleza? ¿A quién
le va a interesar que los animales tengan acceso al agua? ¿Que
los ecosistemas se nutran adecuadamente?
-Muchos argumentan que si no se pone
precio al agua, nadie va a conservarla.
-Yo no digo que no haya lugar para poner un precio justo al servicio.
Lo que digo es que el modelo corporativo dice: vamos a vender el
recurso al mayor postor, como será caro, el mercado reducirá
la demanda, y por lo tanto solucionaremos la crisis del agua. Vamos
primero a dar a la mayor parte de gente necesitada acceso al agua
gratis. Sólo entonces, podemos hablar de poner un precio
justo.
-Su libro Blue Gold ha sido aclamado
por el enfoque político sobre el tema de agua. Pero sus críticos
consideran que usted sataniza a las corporaciones.
-Desde que se publicó el libro, han aumentado los escándalos
en el manejo corporativo del agua. Los procesos privatizadores han
sido desastrosos. No dudo de que hay empresarios buenos y honestos.
Pero las tres mayores transnacionales embotelladoras de agua están
trabajando para tomar el control del recurso. Yo creo que eso es
inmoral, cuando cada ocho segundos muere un niño en el mundo
por enfermedades relacionadas al agua. Lastimosamente la evidencia
me da la razón.
-La innovación y la transferencia
tecnológica son para muchos la solución la crisis
del agua. Procesos como la desalinización, por ejemplo, están
de moda. ¿Qué opina?
-Ese énfasis en la tecnología es extremadamente peligroso.
Mucha gente puede pensar: “está bien, destruyamos el
entorno, total la tecnología nos ayudará a arreglarlo”.
Hay evidencia de que ya estamos alterando el ciclo del agua. Y le
aseguro que no hay una solución tecnológica para eso.
La desalinización es un proceso muy costoso, quizás
puede funcionar en casos específicos. La respuesta está
en la conservación y la equidad.
-¿Prevé guerras a causa
del agua en las próximas décadas?
-Sin duda. Ya han estallado conflictos y surgirán más.
Pero yo espero que el agua, en lugar de promover la guerra, llegue
ser un instrumento de paz.
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