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De pioneros a líderes |
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Por René Castro Salazar *
Costa Rica podría convertirse en el primer ejemplo de desarrollo sostenible “fuerte”, si fortalece su liderazgo en diversos nichos verdes, argumenta el especialista costarricense René Castro en esta columna exclusiva para Tierramérica.
SAN JOSÉ.- Los académicos clasifican el desarrollo sostenible como fuerte o débil. En una forma simplista, podemos decir que ambas estrategias fomentan la generación de rentas económicas y sociales perpetuas, y que la diferencia principal es que la primera se impone restricciones en lo ambiental y la otra no.
Por ejemplo, un desarrollo sostenible fuerte exigiría que en la explotación de un bosque natural sólo se extraigan los árboles maduros, aquellos que si no extraen se mueren de viejos, y que con esa pequeña cantidad de madera o el dinero proveniente de su venta se construyan fábricas y escuelas.
En cambio la sosteniblidad débil asume que los recursos naturales son sustituibles unos con otros, y que, por tanto, se puede cortar todo el bosque de ser necesario y vender toda la madera de una sola vez para construir fábricas que producirán la renta futura.
Noruega es considerado un líder del desarrollo sostenible, aunque de la versión llamada débil. Este país tiene una política de impuestos progresista y complementa sus ingresos con un precio fiscal de alrededor de 15 dólares por barril de petróleo.
El fondo petrolero ha acumulado más de 120 mil millones de dólares y se ha utilizado sobre todo para financiar actividades destinadas a reemplazar el crudo en el futuro y a generar la famosa renta perpetua.
Noruega se convirtió en una potencia energética y en uno de los mayores exportadores de electricidad a Europa pues desarrolló su potencial hidroeléctrico. Hoy Noruega es un país rico que cumple con sus obligaciones ambientales nacionales y globales.
En contraste, otros países ricos y pobres simplemente elevan o bajan su nivel de vida con el vaivén de los precios y la sobrexplotación del entorno. Países ricos como Estados Unidos consumen mucho más petróleo del que producen y ponen en riesgo la integridad ambiental del planeta al no asumir su cuota de responsabilidad respecto a la contaminación de la atmósfera.
Igualmente insostenible es la estrategia de naciones como Chile y Venezuela que son fiscalmente dependientes del cobre y del petróleo, respectivamente. Más aún, parte de la renta proveniente del cobre chileno y del petróleo venezolano se usa para financiar los gastos militares en vez de ahorrar y prever fuentes alternativas para la generación de su renta perpetua.
¿Puede Costa Rica adoptar un modelo sostenible más fuerte que el noruego? ¿Puede convertirse en el primer ejemplo del desarrollo sostenible fuerte?
El gobierno del presidente Abel Pacheco ha anunciado una estrategia de sostenibilidad más ambiciosa que la de Noruega. Aseguró que el país no basará el desarrollo actual ni el futuro en la extracción de recursos naturales no renovables, por ejemplo, en la minería de oro a cielo abierto y la explotación de petróleo.
Es lógico asumir que los costarricenses no renunciarán a la aspiración de la renta perpetua y que la generarán con una estrategia alternativa.
Es decir, si Costa Rica renunciara a la renta del oro, podría reemplazarla a través un ecoturismo de clase mundial para comprar vacunas y construir escuelas. Y si decide no explotar petróleo, podría fomentar el uso de medios de transporte eficientes como los trenes eléctricos urbanos y la utilización de combustibles alternativos como el hidrógeno o la biomasa. De otra manera, la política costarricense sería de doble estándar: no uso mi petróleo, pero si importo petróleo que daña y contamina a otro.
Buscar la sostenibilidad fuerte en Costa Rica es viable. El país tiene la oportunidad de producir energía renovable en forma abundante y sostenible para su consumo y para exportar.
Con una decisión política clara de uso de los recursos renovables, combinada con la abundancia de fuentes renovables como el agua, viento y sol y con un esfuerzo exportador liderado por el ICE, la empresa estatal de electricidad, Costa Rica podría vender energía por unos 200 millones de dólares anuales.
Costa Rica puede también pasar de ser pionero en la promoción de servicios ambientales globales a ser líder. Por ejemplo, puede continuar con la venta de certificados de dióxido de carbono, pero debe prepararse para una nueva escala de negocios a partir de enero de 2005 para el mercado europeo y para la eventual la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto, que norma la emisión de gases con efecto invernadero.
En el ámbito del ecoturismo, debe promover una certificación de sostenibilidad turística con estándares internacionales y el mejoramiento del manejo de los idiomas y las plataformas de información y de los esfuerzos de mercadeo.
Se trata, insisto, de pasar de ser pioneros a líderes, cuidar los nichos verdes que nos distinguen y atraer visitantes e inversionistas capaces de pagar y reconocer estos atributos.
* El autor es académico costarricense, ex ministro de Energía y Ambiente de su país.
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