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Indígenas en guardia ante Genográfico |
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Por María Amparo Lasso*
Indígenas en América Latina ven con suspicacia el proyecto Genográfico que intenta estudiar sus genes para descifrar cómo se pobló el planeta. Una ONG en Estados Unidos llama al boicot.
MÉXICO.- Científicos del proyecto Genográfico
irán tras los genes de comunidades indígenas alrededor del globo,
para tratar de descifrar cómo se pobló el planeta. Pero su tarea
podría no ser tan fácil entre las suspicaces etnias de América Latina.
La Sociedad National Geographic y la multinacional IBM hicieron
mancuerna en Genográfico para recoger, en un lapso de cinco años,
unas 100,000 muestras de sangre humana, levantar un gigantesco banco
genético y definir patrones de migración prehistóricos.
Los indígenas que han vivido por siglos en sus tierras ancestrales,
como muchos de los 40 millones que habitan América Latina, son esenciales
para los fines del proyecto.
A través del estudio del ADN (ácido desoxirribonucleico) de las
etnias, los genetistas pueden rastrear linajes, que ayudarían a
descubrir detalles de cómo se movieron los ancestros del hombre
moderno al salir de África 60,000 años atrás.
Es importante hacerlo “antes de que el contexto cultural y geográfico
se pierda en el “melting pot” (fusión de razas)”, dice el científico
y explorador estadounidense Spencer Wells, director del proyecto,
lanzado el 13 de abril.
Pero el trabajo de campo de Wells, 34 años, y de sus equipos en
diez centros en el mundo podría resultar cuesta arriba.
Experiencias negativas en el pasado, la resistencia cultural y la
influencia del activismo global contra la “biopiratería” han disparado
la suspicacia de los nativos, celosos de su rol en las investigaciones
sobre ADN, según un sondeo de Tierramérica entre líderes indígenas
en la región..
“No se dejan tomar ni una foto, menos van a dejar que les saquen
sangre”, dice Santiago de la Cruz, líder indígena chachi, en referencia
a los 7,000 miembros de su etnia, una de las pocas que sobreviven
en la costa del Ecuador, y que llama la atención de los genetistas.
Los padres de De la Cruz accedieron a fines de los años 80 a dar
sus muestras de sangre para un estudio médico cuyos fines nunca
fueron aclarados.
“Entonces, nadie preguntaba demasiado, hoy es distinto”, asegura
De la Cruz, vicepresidente de la Confederación de Nacionalidades
Indígenas del Ecuador, una de las más poderosas del continente americano.
“No conozco el proyecto Genográfico”, pero “si quieren entrar a
las comunidades, tendrán que hablar con nosotros”, advierte.
En sintonía, Jecinaldo Barbosa Cabral, líder de los indígenas de
la Amazonía brasileña, afirma: "No nos oponemos (a Genográfico)
de antemano, pero si la comunidad indígena lo desconoce, no puede
haber acuerdo".
“Imposición nunca, ya estamos cansados de ser engañados”, sentencia.
Genográfico apenas arranca. Etnias latinoamericanas aún no han sido
contactadas. Lo serán una vez que el proyecto envíe sus propuestas
a los comités de ética científica y otros organismos locales en
diversos países, explica Fabricio Rodríguez dos Santos, brasileño
que coordina el proyecto en la región.
Profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais, Rodríguez dos
Santos es vehemente al aclarar que sus fines son estrictamente históricos
y antropológicos. Igual lo es Wells.
“No habrá investigación médica relevante, ni patentes sobre ningún
material genético”, asegura a Tierramérica el director de Genográfico.
Tampoco están involucradas empresas farmacéuticas o de seguros.
El financiamiento, de alrededor de 40 millones de dólares en un
quinquenio, vendrá en parte de la Fundación Waitt Family de Estados
Unidos.
Y se espera que las arcas se llenen a través de la venta global
de un equipo casero, de 9,95 dólares, que servirá para que cualquier
ciudadano envíe su ADN. Bastarán unas raspadas con un hisopo en
las partes interiores de las mejillas, para tomar la muestra.
Proyecto vampiro
El manejo de genes humanos y sus patentes alimenta relatos macabros
y es el centro de una discusión ética global.
En Brasil, hay registros de estudios genéticos inescrupulosos con
indígenas amazónicos, como los yanomamis y los ticunas, desde los
años 60 y 70.
Hace poco, generó escándalo el caso de la venta de genes por Internet
de las etnias karitiana y suruí, del estado amazónico de Rondonia,
por parte de una división de Instituto Coriell de Investigación
Médica, de Estados Unidos.
"Ya fuimos perjudicados antes, sacaron nuestra sangre, llevaron
nuestro ADN y venden a 85 dólares cada célula. No tuvimos ningún
beneficio", dice Almir Suruí, líder de los indígenas de Rondonia.
"No hay garantías de que eso no se repita, hay leyes, pero no se
asegura su cumplimiento", alerta.
Experiencias como éstas ensombrecen a Genográfico. Pero el nubarrón
mayor, según activistas estadounidenses, es el polémico Proyecto
de la Diversidad del Genoma Humano (HGDP son sus siglas en inglés),
de 1991.
La iniciativa, con base en el Instituto Morrison de la universidad
de Stanford en Estados Unidos, intentaba estudiar la variación genética
humana para, entre otras cosas, diseñar tratamientos médicos.
Furibundos antropólogos, activistas e indígenas calificaron al proyecto
de “racista” y evitaron que se concrete en su faceta original. Naciones
Unidas le negó fondos.
Al HGDP “lo llamamos ‘proyecto vampiro’, porque trataba de recolectar
sangre de nuestros hermanos indígenas sin su consentimiento”, recuerda
Tarcila Rivera, líder de las mujeres indígenas y amazónicas de Perú.
El grupo no gubernamental estadounidense, Indigenous Peoples Council
on Biocolonialism (IPCB), participó en la campaña contra el HGDP.
Para su directora Debra Harry, de la etnia pauite de Estados Unidos,
se trata de “una pesadilla recurrente”.
“Genográfico es en esencia el mismo proyecto que nosotros derrotamos
hace años”, asegura a Tierramérica.
La prueba más fehaciente, según el IPCB, está en la composición
del consejo de asesores de Genográfico. Luigi Luca Cavalli-Sforza,
renombrado genetista y principal promotor del HGDP, preside ese
consejo. Wells fue su discípulo en Stanford.
Tarcila Rivera, de Perú, comparte la idea de Gabriel Muyuy, ex senador
indígena de Colombia, quien también tiene en la memoria al HGDP,
de convocar a un debate sobre Genográfico. “Hay principios éticos
que hay que tener en cuenta”, dice Muyuy.
El IPCB llamó a boicotear a Genográfico el día de su lanzamiento.
National Geographic ha enfatizado que hay diferencias sustanciales
entre los dos proyectos. "Hemos abierto el proyecto a preguntas
de todas las personas, no sólo de científicos. Esa
es la diferencia clave. Con el HGDP no estaba claro qué beneficios
traerían sus investigaciones. Nosotros queremos que esto
(Genográfico) sea relevante para todo el mundo", dice
Wells.
Genográfico plantea establecer un fondo que impulse proyectos educativos
y de preservación cultural para las etnias participantes.
Saharon Rosset, científico de IBM, el gigante del software encargado
de procesar la información del proyecto, reconoce: “Hemos aprendido
del fracaso del HGDP. Ahora habrá una mucho mejor comunicación con
las comunidades indígenas, incluyendo el consentimiento informado”.
Las sofisticadas computadoras de IBM asegurarían que las muestras
de ADN sean almacenadas anónimamente. Cada persona podrá conocer
sus ancestros, a través de Internet, con una clave de identificación
intransferible.
No se planea guardar el ADN en líneas celulares permanentes (inextinguibles),
las muestras serán destruidas al final del proyecto.
El origen de los pueblos quechuas de la región del lago Titicaca,
compartido por Perú y Bolivia, la expansión de los pueblos Tupi
en varios países de la Amazonía y las migraciones relacionadas a
la domesticación del maíz están en la mirilla de Genográfico en
América Latina.
¿Interesa, sin embargo, a las propias comunidades indígenas hurgar
en sus orígenes?
Desde el otro confín del planeta, Cherryl Smith, de la etnia maori
de Nueva Zelanda, responde: “Nuestras tradiciones orales nos hablan
de nombres y conexiones desde los inicios de los tiempos. ¿Por qué
querríamos que alguien venga y nos confirme o niegue lo que ya sabemos?”.
Ella apoya el boicot.
* Directora editorial de Tierramérica. Con aportes de Stephen Leahy (Canadá), Yadira Ferrer (Colombia), Mario Osava (Brasil) y Abraham Lama (Perú).
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