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Cuando un océano no basta |
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Por Marcela Valente*
Científicos
de Argentina demuestran que los elefantes marinos requieren grandes
extensiones de mar para sobrevivir. El hallazgo podría inspirar
mejores planes de conservación para los mamíferos acuáticos.
BUENOS AIRES, 19 Feb (Tierramérica).- Gracias
al rastreo satelital un grupo de científicos argentinos descubrió
que los elefantes marinos del sur necesitan mucho más espacio de
mar para sobrevivir: pueden bucear a mil 200 metros de profundidad
en busca de alimento en el Atlántico sudoccidental y desplazarse
hasta el océano Pacífico sin ser advertidos.
El mapeo de los desplazamientos de este mamífero (Mirounga leonina),
que exceden el vasto Mar Patagónico, se realiza en el marco del
proyecto Modelo del Mar, una iniciativa conjunta de la Wildlife
Conservation Society y el Centro Nacional Patagónico de Argentina..
Los resultados permiten "advertir que para conservar la biodiversidad
oceánica no alcanza con pequeñas áreas protegidas, sino que se necesitan
grandes dimensiones, acordes con el espacio de las especies que
se quiere preservar", dijo a Tierramérica el director ejecutivo
del proyecto, Claudio Campagna.
"Un modelo integrado nos permitiría entender el ecosistema en su
conjunto, incorporando a la ecuación de manejo el costo de los impactos
para asegurarnos de que el capital natural no se comprometa", afirmó.
El mar Patagónico, que se extiende sobre dos millones de kilómetros
cuadrados al sudoeste del Atlántico, representa uno de los ecosistemas
marinos templados más ricos y productivos del planeta, según los
expertos de Modelo del Mar, que promueven una gestión del sistema
basada en el principio de precaución.
Las aguas que bañan la ribera oriental de la Patagonia, al sur de
Argentina, albergan grandes concentraciones de fito y zooplancton,
alimento de una amplia variedad de calamares, crustáceos y moluscos.
A su vez, de estos dependen aves y diversos mamíferos marinos que
se reproducen en las costas.
Este conjunto está amenazado por la sobrepesca. "La idea es encontrar
un equilibrio entre las necesidades de la biodiversidad y las del
ser humano. Buscamos determinar dónde se puede utilizar el mar con
tranquilidad y dónde el uso tiene un impacto ambiental que sugiere
detenerse", explicó Campagna.
Para eso, el elefante marino del sur resulta un buen indicador de
un ambiente viable.
La bióloga Valeria Falabella recibe la información satelital para
definir localizaciones de estos animales desde que salen de península
de Valdés, en la meridional provincia de Chubut, sede del Centro
Nacional Patagónico. En esas costas se concentra la colonia reproductiva
de la especie.
Esa información se ingresa en un programa informático que dibuja
el trayecto seguido por el animal elegido para ser rastreado. Define
las áreas donde permanece por más tiempo para alimentarse y permite
elaborar mapas con los movimientos de la especie.
"La definición de áreas de relevancia para la supervivencia de las
especies es fundamental para avanzar en acciones de conservación,
y estas herramientas nos ayudan a entender los requerimientos biológicos
de las especies y cómo interfieren las actividades humanas ", explicó
Falabella a Tierramérica.
Desde que comenzó el proyecto, en 2003, fueron seguidos 23 animales.
Actualmente
son rastreados 11.
Los elefantes marinos nacen con unos 40 kilogramos y son destetados
en apenas tres semanas, cuando pesan 130 kilos ganados solamente
a base de leche. Las hembras adultas pesan en promedio 600 kilos
y los machos tres mil. "Los adultos llegan apenas a los 14 o 15
años", precisó Campagna.
El seguimiento de la especie permite conocer que los adultos machos
se alimentan principalmente en la plataforma y el talud continental,
en una banda de 300 kilómetros de costa donde se localizan importantes
caladeros. En cambio, las hembras se desplazan por la cuenca oceánica
hasta mil kilómetros de la ribera.
Dos de las hembras rastreadas que salieron de península de Valdés
llegaron al Pacífico, y una de ellas regresó, 228 días después,
a través del estrecho de Magallanes. En la travesía, de más de ocho
mil kilómetros, aumentó de 179 a 196 kilos, lo que indica una campaña
extenuante pero exitosa.
Otra de las hembras seguidas alcanzó las islas Georgias, límite
sudoriental del mar Patagónico, y hay registros de individuos que
llegan a la Península Antártica. En sus recorridos bucean sin perderse
a una profundidad de hasta mil 200 metros, saliendo a la superficie
cada media hora para respirar.
Cada vez que emergen, los instrumentos satelitales que portan sobre
su cabeza emiten una señal que permite localizarlos.
Mirtha Lewis, doctora en ciencias veterinarias y codirectora del
proyecto de elefantes marinos en el Centro Nacional Patagónico,
dijo a Tierramérica que cada octubre nacen 14 mil crías en la colonia
de península de Valdés, cuya población está calculada en 42 mil
ejemplares.
"Pero ese total no está simultáneamente en la costa", precisó.
"Los elefantes alternan fases de alimentación en el mar con fases
terrestres de varias semanas durante las cuales no se alimentan",
explicó. Lo máximo que se puede observar a lo largo de 200 kilómetros
de costas es 25 mil individuos, añadió.
"En cambio, cuando los elefantes se alimentan en el mar el área
de distribución es mucho más amplia, cubre cerca de 4,7 millones
de kilómetros cuadrados en el Atlántico sudoccidental, pero algunos
cruzan el Pacífico y otros llegaron hasta las islas Georgias", abundó.
* Corresponsal de IPS. |