 |
|
|
Brasil quiere dominar mercado del etanol |
|
Por Mario Osava *
El
etanol brasileño es más eficiente y amigable con el ambiente que
el de Estados Unidos. Convertirlo en sustituto mundial de la gasolina
está al alcance de la mano. Pero no todas son rosas.
RÍO DE JANEIRO, 26 mar (Tierramérica).- Brasil
quiere producir etanol para sustituir 10 por ciento de la gasolina
consumida en todo el mundo dentro de 18 años. Eso exigirá multiplicar
por 12 su actual producción de 17 mil 300 millones de litros anuales,
sin sacrificar bosques, áreas protegidas o la siembra de alimentos.
El gobierno encargó a un grupo de expertos estudiar posibilidades
e impactos de un fuerte incremento productivo del alcohol carburante
extraído de la caña de azúcar.
El grupo encabezado por el Núcleo Interdisciplinario de Planificación
Energética de la Universidad de Campinas y coordinado por el físico
Rogério Cerqueira Leite, concluyó que Brasil podrá producir 205
mil millones de litros de etanol en 2025. Un volumen similar será
producido por los demás países, prevén los expertos.
Para entonces, la demanda mundial de gasolina alcanzará 1,7 billones
de litros al año, previéndose un aumento de 48 por ciento en dos
décadas. Además de 10 por ciento de ese volumen, Brasil tendrá que
producir etanol para su creciente mercado interno. El país ya tiene
2,6 millones de vehículos impulsados a alcohol, a los cuales se
agregan dos tercios de los nuevos automóviles de fabricación nacional,
que superan los dos millones al año.
El aumento de la productividad es esencial en el proyecto. El informe
de los expertos fijó en 40 por ciento el incremento de producción
por hectárea de caña que aportará una nueva tecnología, la hidrólisis,
en cuyo desarrollo acordaron cooperar Brasil y Estados Unidos durante
la visita del presidente George W. Bush a São Paulo el 8 y 9 de
marzo.
Potencialmente, la hidrólisis, que permite aprovechar cualquier
material celulósico, podría duplicar la productividad, pero se decidió
fijar un aumento de 40 por ciento en base a las posibilidades tecnológicas
conocidas y porque parte de los residuos de la caña
(bagazo y paja) se usa para generar electricidad, explicó a Tierramérica
Carlos Rossell, un investigador del grupo.
Esa tecnología enfrenta desafíos complejos, como romper estructuras
vegetales muy resistentes, lo que exige mucho esfuerzo futuro para
hacerla viable a escala industrial, observó.
Científicos de Estados Unidos y Europa están más avanzados en esta
investigación y cuentan con muchas más inversiones, pero Brasil
tiene la ventaja de disponer del bagazo en la planta, listo para
ser procesado. Los demás tendrán que recoger en el campo la paja
y otros residuos sobre todo de maíz, con costos adicionales, indicó.
Por la misma razón, el conocimiento que pueda ofrecer Estados Unidos,
cuya producción de etanol se basa en el maíz, no resuelve el problema
brasileño. Las materias primas son distintas, observó Rossell.
Brasil y Estados Unidos, los dos mayores productores mundiales de
biocombustibles, acordaron cooperar también en el desarrollo de
un mercado internacional de estos productos, aunque viviendo situaciones
opuestas.
El primero se apresta a convertir en abultadas exportaciones su
experiencia pionera de 32 años en el programa del alcohol carburante,
mientras el segundo tendrá que importar mucho para alcanzar la meta
de reducir 20 por ciento su consumo de gasolina hasta 2017.
De momento, Estados Unidos produce un poco más de etanol que Brasil,
pero con costos 40 por ciento superiores, según productores brasileños.
La barrera arancelaria estadounidense de 54 centavos de dólar por
galón (3,8 litros) no impidió importar mil 600 millones de litros
de alcohol brasileño el año pasado, cuando el crecimiento de la
demanda elevó mucho el precio del maíz.
Además de desequilibrar el mercado internacional, encareciendo el
maíz y su reemplazante en la alimentación animal, la soja, el etanol
estadounidense tiene escasa eficiencia ambiental. Cada unidad energética
usada en su producción genera solamente 1,3 a 1,8 unidades de energía
renovable, mientras la caña de azúcar alcanza 8,3 como mínimo. Así
aporta poco a la atenuación del cambio climático, el factor por
el que se promueven los biocombustibles junto con la carestía petrolera.
En Brasil el alcohol también enfrenta restricciones. Los movimientos
campesinos y muchos activistas sociales condenan la expansión de
la agroenergía en desmedro de la alimentación. Ambientalistas temen
nuevas presiones deforestadoras, por la expansión agrícola y el
encarecimiento de la tierra.
La producción alcoholera tiene "impactos ambientales, sociales y
económicos negativos para las comunidades", genera pocos empleos
y "consume muchos recursos naturales; cada litro de etanol exige
30 de agua", criticó Temístocles Marcelos, director de la Central
Única de Trabajadores para cuestiones ambientales. En la meridional
localidad de Ribeirao Preto, capital del azúcar y el alcohol, hay
hoy más presos que trabajadores rurales, dijo a Tierramérica.
El estudio de los expertos apunta, sin embargo, a la creación de
cinco millones de nuevos empleos si se concreta el plan.
La experiencia brasileña preocupa "por la mala gestión; el gobierno
no actúa para contener daños de los monocultivos, los municipios
autorizan proyectos inadecuados por interés inmediato y los órganos
oficiales no están capacitados para regular la actividad", dijo
a Tierramérica Délcio Rodrigues, especialista en energía de la organización
ambientalista Vitae Civilis.
En el estado de São Paulo, que concentra más de la mitad de la producción
nacional, 60 por ciento de los cañaverales son incendiados para
facilitar el corte, contaminando el aire y provocando varias enfermedades.
También se acusa a los empresarios cañeros de someter a los cortadores
de caña a condiciones insalubres y agotadoras que, según denuncias,
provocaron incluso muertes.
Las relaciones de trabajo obedecen a las leyes, y los sindicatos
operan libremente, dijo a Tierramérica Fernando Moreira Ribeiro,
secretario general de la Unión de la Industria Cañera de São Paulo.
Las "quemas" también son legales y se abolirán en 2020, acotó. La
solución se acelerará si avanza la producción de etanol de celulosa,
lo que valorizará las hojas de la caña.
Además, el etanol beneficia a toda la humanidad, reduciendo la contaminación.
Su incorporación a la matriz energética nacional y su comercialización
internacional, que debe ser libre como la del petróleo, "solamente
dependen de la voluntad política", sostuvo Ribeiro.
* Corresponsal de IPS. |