 |
|
|
Ayuda al desarrollo no debe caer |
|
Por Kemal Derviş*
Invertir
en asistencia es invertir en pos de un mundo mejor y más seguro
para todos. Pero en 2006 la ayuda al desarrollo cayó en cinco por
ciento, escribe Kemal Derviş, administrador del PNUD.
NUEVA YORK, 9 abr (Tierramérica) Si los recursos
para el desarrollo han de tener un efecto duradero deben aumentar,
y si hemos de cumplir las promesas hechas a los pobres del mundo
y alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), este aumento
debe ser sostenido.
No obstante, a mitad de camino hacia 2015, el año propuesto como
meta para lograrlo, el crecimiento de los recursos para el desarrollo
se ha paralizado.
Hace casi siete años, todos los países del mundo se unieron y acordaron
aportar tanto la voluntad política como los recursos necesarios
para abordar uno de los mayores retos con que se enfrentaba el mundo:
la lucha contra la pobreza extrema.
Los líderes mundiales consolidaron su compromiso de responder a
estos desafíos al hacer suyos los ODM, un conjunto de objetivos
ambiciosos, pero que podían alcanzarse, para reducir la pobreza
significativamente, hacer frente a los retos de la salud, promover
la igualdad entre los géneros y proteger el ambiente, todo ello
para 2015.
En los años siguientes, el impulso por "erradicar definitivamente
la pobreza" cobró verdadera fuerza, y en 2005 el Grupo de los Ocho
y la Unión Europea prometieron aumentar la asistencia significativamente
para 2010.
Pero el extraordinario aumento de la asistencia al desarrollo registrado
en 2005, que alcanzó una cifra sin precedentes de 106.800 millones
de dólares, obedeció principalmente a donaciones a Iraq y Nigeria
para el alivio de la deuda, y al aumento de la ayuda a los países
afectados por el tsunami, y no a asistencia dirigida a financiar
el crecimiento y el desarrollo.
La asistencia al desarrollo, que venía aumentando desde 1997, disminuyó
en 2006 en cinco por ciento; se detuvo así lo que parecía una firme
tendencia ascendente ante la pobreza extrema, especialmente en África,
además de otras regiones.
Lo sorprendente es que la falta de asistencia suficiente se pone
de manifiesto precisamente en momentos en que se requiere un aumento
para hacer frente a cuestiones que afectan de manera desproporcionada
a los países más pobres.
Esto incluye cuestiones como el cambio climático, del que muchos
hablan, aunque pocos comprenden que ya está afectando las vidas
de las personas del mundo en desarrollo, a medida que la disponibilidad
de agua se vuelve más imprevisible a causa de una mayor incidencia
de sequías e inundaciones y de patrones de precipitación más variables,
un reto más que afectará a los pobres de manera desproporcionada.
Un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE) demostró que si todos los donantes cumplieran
sus compromisos, la asistencia oficial al desarrollo en dólares
de 2004 de los miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo
(CAD) aumentaría de algo menos de 80 mil millones de dólares en
2004 a 130 mil millones de dólares para 2010.
Esto significaría que, en vista de la reducción del alivio de deuda
de 2006 y de la nueva reducción prevista para 2007, esa asistencia
debería aumentar más rápidamente que casi todos los demás gastos
públicos: un 11 por ciento al año desde 2008 hasta 2010 en valores
reales.
Por otra parte, estas metas no incluyen los nuevos recursos que
se necesitarán como parte de un acuerdo mundial sobre el cambio
climático.
En mi calidad de ex ministro de Finanzas de mi país, Turquía, conozco
las restricciones fiscales a las que están sometidos los gobiernos.
Al mismo tiempo, es evidente que los ciudadanos de los países donantes
comprenden cada vez mejor que en un mundo más y más interrelacionado
la pobreza y la inseguridad en cualquier parte inciden directamente
en sus propias vidas.
La inversión en asistencia es inversión en pos de un mundo mejor
y más seguro para todos. Esta asistencia debe estar impulsada por
estrategias firmes de propiedad nacional centradas en el crecimiento
inclusivo. La ayuda externa puede complementar dichas estrategias,
pero nunca sustituirlas.
Los países en desarrollo también están adoptando medidas concretas
para aprovechar mejor los recursos de la asistencia y para que ésta
llegue a las personas cuyas vidas se pretende mejorar.
La Nueva Alianza para el Desarrollo de África de la Unión Africana
ha contribuido a afianzar la responsabilidad económica y ha fortalecido
las políticas de seguimiento en muchos países africanos. Al trabajar
con alianzas como ésta, los donantes pueden ayudar a los países
en desarrollo a mejorar sus políticas para que utilicen la asistencia
de formas productivas y para que ésta llegue a quienes más la necesitan.
Estamos a mitad del plazo establecido para el logro de los ODM;
los países del Grupo de los Ocho y otros donantes tienen la oportunidad
de cumplir los compromisos asumidos hace apenas unos años de establecer
una asociación mundial para el desarrollo. No podemos desaprovechar
esta oportunidad.
* Kemal Derviş es administrador del
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y presidente
del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un comité integrado
por todos los fondos, programas y organismos de las Naciones Unidas
que trabajan en la esfera del desarrollo. |